viernes, 30 de julio de 2010

LA VOZ DE LA EXPERIENCIA

Alma tranquila, paciencia infinita, y sobre todo, paz interior. Por un lado, la quietud, la voz de la experiencia, alguien en quien fijarse y que, en mi infancia y adolescencia, supo abrir camino a los que veníamos detrás. El Dios de los creyentes quiso que esto fuera así. Casi siempre serio pero feliz a la vez. Su felicidad era reflejo de la sencillez que tenemos todos. En este caso, los cuatro, pero podríamos haber sido más. Afortunadamente, no hemos sido menos. Nunca lo he considerado ambicioso, y sí generoso para con los demás, sin ser demasiado condescendiente. A mis treinta y cinco, le sigo teniendo el mayor de los respetos y la misma admiración de siempre. Supo defenderme, a su manera, de todos mis males; me formó como persona, alargando la sombra de mis padres, integrándome en demasiados aspectos de esta sociedad, que fui descubriendo tan bien gracias a él. Porque creo que yo mismo no hubiera servido para ser el primogénito, y estoy en el lugar que, como dije antes, los Dioses quisieron que estuviera; en cierto modo, los primogénitos deben ser los primeros en dar ejemplo. Y tanto mi madre como mi padre, también lo son. Se nota: son la voz de la experiencia, por lo que sigo teniendo en mi vida tres hermanos mayores.

2 comentarios:

  1. Es muy bonito el sentimiento que tienes, hacia tu hermano mayor,y tus padres,haí se nota,la clase de persona que eres. Sigue siempre así.

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  2. Me dejas sin palabras... Gracias de corazón.

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