domingo, 6 de junio de 2010

PROMESAS INVENTADAS

Me estoy acostumbrando a no prometer nada. Porque si prometes y no cumples, eres un mentiroso. Procuro cumplir siempre mis promesas, y creo que casi siempre lo suelo hacer, aunque esto debieran opinarlo los demás. Lo que me duele es que quieran obligarte a prometer algo. Como dije antes, ya no caigo en ese error. Procuro susurrar un pequeño "no lo sé" para luego no pillarme los dedos, y es que es la realidad. No sé si podré cumplir algo que aún quedan días, meses o incluso años por pasar. Lo que tengo claro es que todo llega, por lo tanto, es inútil tratar de evadir la responsabilidad. Últimamente todo lo que digo, me lo transforman en promesa. Da igual lo que diga, que se tornará en mi contra. Y tendré que hacer lo que esas personas quieren que haga. Es frustrante que nos pidan algo y que, dentro de nuestras posibilidades, intentemos cumplir y cumplamos con algunas cosas, pero que lo que no podemos cumplir sea porque no me da la gana... según la persona a la que no le has cumplido la promesa. Frustrante. Pero si eso es frustrante, resulta decepcionante que si no cumples algo que "supuestamente" has prometido (al menos tú has dicho que sí a oídos de esa persona) te tachan de mentiroso y te quedas con una sensación de vacía tan grande, con una impotencia tan enorme, que se necesita una fortaleza mental impresionante para no coger depresión tras depresión. Porque cuando imcumples una "promesa inventada" no importa si en el pasado cumplistes cientos de promesas e hiciste feliz a alguien. Serás un miserable. Y por si fuera poco, yo no veo promesas, sólo veo caprichos...

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