martes, 15 de junio de 2010

LA BOTELLA DE ACEITE

Dicen que el aceite siempre se queda encima del resto de los líquidos. Y no es que lo digan, es que es verdad. Lo que más recuerdo de pequeño en los "mandaos" de mi madre, son las botellas de aceite. El precio estático que tuvo durante unos años fue el de 220 pesetas. Por debajo de eso, era un aceite barato, y si estaba por encima, casi tenía la "orden" de no comprarlo sin consultarlo previamente. Antes no hacían ese "pseudo-aceite" que ahora venden los grandes supermercados y las grandes superficies, ese que llaman "especial para freir". Puro veneno. Donde se ponga el aceite de oliva, que se quite todo lo demás. Que le vamos a hacer, uno, que defiende lo de su tierra. 

Al ver la botella de aceite en mi cocina me he acordado, una vez más de aquellos años en los que la rutina no importaba porque en realidad gustaba. Aquellos sacrificados años, en los que una simple peseta era importante, recuerdo a mi madre coser y coser sin parar. Y, sinceramente, no entendía muy bien el por qué. Hoy día, te das cuenta que da igual si coses o si haces cualquier otra cosa que te aporta unos pequeños ingresos que ayuden a la economía familiar. Porque hay ciertas cosas que no se hacen por gusto, sino por necesidad. Hay ciertas cosas que no se pueden elegir. Ya vienen impuestas, aunque no se sabe muy bien por quien ni cuando ocurrió. Pero ocurrió. Seguramente estemos equivocados en muchos aspectos, y en otros tendremos que tomar una decisión que nos puede llevar al error o al acierto. Y que no podemos hacer como el aceite, quedar siempre encima, a flote. Pero sí podemos aceptarlo y mirar su color. Color verde. Color Esperanza.

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