domingo, 13 de junio de 2010

EN LAS PUERTAS DE LAS PANADERÍAS

Un lugar donde morir de hambre. Donde los gatos remolonean por si "cae" algo para comer. Donde la gente entra y sale sin cesar, buscando esa barra de pan para acompañar a la comida diaria. De pequeño, envidiaba a mi padre por dar las zancadas más largas que las mías. Íbamos a ver a la abuela dos veces por semana. Me cogía de la mano y caminábamos casi media hora hasta que llegábamos a aquella casa antigua, vieja y destartalada, pero que tenía un gran patio para poder jugar. A veces podría ser que estuviera allí algún primo, aunque entre semana no era habitual. Y por el camino, pasábamos alguna que otra panadería, un taller de coches, una tienda de juguetes y peluches y un par de kioskos. Si era verano, podría tener el premio de comerme un frigopie (helado con la figura de la planta del pie) o un frigodedo (un polo como un puño con el dedo apuntando). Siempre fui tímido, muy tímido. Y siempre lo seré. Eso no cambia. Lo que cambia es la forma de expresar la timidez. Fue en estas situaciones, cuando estaba en casa de mi abuela, o cuando tenía que hacer algo que no me atrevía porque me daba corte o vergüenza. Era entonces que tenía que escuchar aquella frase que tanto odiaba y que pronunciaba mi padre. Aquella frase me ha marcado, para bien o para mal, y ha hecho, a lo largo de los años, que yo sea más fuerte, que mi pequeño orgullo saliera a flote, me ha hecho, al menos, ser trabajador, valorar las cosas de la vida y saber luchar por lo que uno quiere. Seguro que mi padre no lo hacía con mala intención, sino por mi bien, y seguramente la jugada le ha salido bien, por todo lo que he comentado antes. Pero hay que tener cuidado con lo que decimos, porque eso forjará la personalidad de los niños, y puede que no siempre salga bien. A día de hoy, a mis 35 años, creo que aún no me voy a "morir en la puerta de una panadería". Aunque todavía no se interpretar muy bien aquella frase... no sé si podría fallecer aún teniendo dinero por no atreverme a entrar a comprar pan, o todo lo contrario, porque no iba a poder entrar por ser demasiado pobre. De todas formas, creo que no se da ninguno de los dos casos.

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