sábado, 26 de junio de 2010

EL ÚLTIMO DÍA

El último día de clase era el más esperado. Sobre todo si hablamos del instituto. Porque en el colegio se es más pequeño y se piensa en otras cosas. Pero en la adolescencia, cuando llegaba el último día de clase, sabiendo que ya no quedaban exámenes, independientemente de cómo hubieran salido éstos, ese último día significaba libertad. Significaba mirar atrás y recordar madrugones, noches de estudio, levantarse a las 4 de la mañana, con el calor de las fechas propias, y estudiar. Y yo, que precisamente no se me ha dado bien estudiar (quizá debiera decir memorizar), tenía la mala costumbre de dejarlo todo para última hora, y al final, nunca preparaba bien los exámenes. Y lo dejaba todo en manos del azar. Si preguntaban la parte más comprensible, la más fácil de entender, la que me gustaba, podía tener la suerte de aprobar. Si no, me inventaba lo que me sonaba y a esperar a la suerte. Tengo muchas anécdotas de aquellos años, y hoy me acordé porque anoche, aprovechando que la luna parecía invitar a ser fotografiada, salí a la calle y me acordé de estos tiempos. Y lo seguiré diciendo, cualquier tiempo pasado siempre será mejor...

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