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lunes, 10 de mayo de 2010

VENTANA DE PAPEL

Menester quiera que el tiempo, cualquiera sea su función, sepa detener el momento, pausado, lento, del corazón, de la prisa rota por el viento atenuando la razón. Cada ventana es distinta desde el preciso instante en que nuestros ojos clavan la mirada en el trasluz de lo invisible. Más allá del cristal. Aquello que es posible tocar sin traspasar el alma de lo absurdo. Basta con saber llegar al otro lado. Cada mirada inocente se encuadra en un marco impuesto por la sociedad. No sabemos nada más que mirar a través de las ventanas. Prejuicios que chocan con la transparencia del vidrio, como una mosca cuando busca escapar por donde siente que hay más luz, pero algo desconocido para ella se lo impide. Ventanas translúcidas, opacas, de cristales oscuros y corazones limpios, ventanas aislantes de la sociedad, ventanas altas donde mirar a la gente, con superioridad, ventanas abiertas, dejando escapar la música, como en la infancia o en la juventud. Ventanas con rejas, sin pollete, sólo sirven para contemplar, inútiles. Ventanas donde llorar, mirando las estrellas y dejando caer las lágrimas sobre la piel de una baldosa. Ventanas frágiles. Ventanas que ya no quiero mirar, tan solo atravesar. Aunque fuera únicamente para poder gritar. Ventanas de papel. Aquella que es débil, que es herida con solo retroceder unos años en la mente de mi ser, de quien no volverá a ser, de quien, por doler, hasta el pensar duele simplemente por pensar. Mi ventana de papel, escondida en la mente de quien fue aquel... Manolo, Manu... o simplemente, Manuel. Ventanas que son de papel.

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