jueves, 1 de abril de 2010

LA SOLEDAD DEL FOTÓGRAFO

El fotógrafo debe buscar su propia soledad para obtener los resultados deseados. Es inútil tratar de fotografiar las ideas de otros, de la misma manera que es imposible leer la mente de la gente. Salir a fotografiar con conocidos, amigos o familiares que no tienen la misma intención, es sinónimo de desatender a los mismos al tiempo que no encontramos la concentración deseada para obtener la fotografía que buscamos. El fotógrafo debe ser solitario, y es triste, pero es la realidad. Otra opción es ir con otro fotógrafo, pero entonces se mezclarán las ideas, los planos, y se intentará copiar lo que hace el otro, lo que se le ocurre al otro, hacer mejores fotografías que el otro. 

Igual que el penitente lleva su cruz, de manera anónima, solitaria, sabe llevar su carga en el anonimato, el fotógrafo es un ser también anónimo. Las fotos estarán para la posteridad, y seguramente algunas o muchas sean publicadas en libros, carteles, boletines... pero nadie jamás lo sabrá. Ni el propio fotógrafo lo sabe. Disparar y mirar. Volver a disparar, volver a mirar, volver a disparar... Y frente a los pasos, el fotógrafo es observado por cientos de personas que quieren ver la procesión. Esas mismas personas que meses más tarde, o años más tarde, tendrán en sus manos ese libro o cartel que el mismo fotógrafo meses atrás consiguó plasmar con su soledad, mientras era observado, dudando de si hacía bien o mal, de si molestaba, de si estorbaba a los espectadores...

Pasó el miércoles santo de la misma manera que el martes santo. Aprendiendo, intentando controlar cada vez mejor una máquina nueva, experimentando nuevas opciones, probando nuevas posibilidades... El Cristo de los Estudiantes y la Virgen de la Consolación fueron testigos, por las calles de Linares, de que sobre todo hay muchas ganas de Semana Santa. Y eso es buena señal. Las fotografías salieron beneficiadas, y pienso que cada día irán saliendo mejor. Después, en torno a las 12 de la noche, el fotógrafo, sumergido de nuevo en su soledad, retrató la cruz del Via Crucis, un acto de fe que ni siquiera se puede considerar procesión. Creo que menos acompañado que otros años, seguramente igual de esperado por el gentío en aquellas calles cercanas al casco antiguo de la ciudad. Y ahí habrá siempre un fotógrafo. Buscando la realidad para después compartirla con los demás.  

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