lunes, 26 de abril de 2010

EL BANCO DE MANOLÓN

Manolón se despertaba sobre las 9 de la mañana. A las 9 y media o 10 salía de la habitación por primera vez en el día, con la mano en el pantalón, y se dirigía al baño. Ya conocíamos sobradamente sus "manías" y a esa hora procurábamos que el baño estuviera a su disposición. Manolón tenía ese sobrenombre por su tamaño y estatura. Destacaba entre todos sus amigos. Era incapaz de salir a la calle si no iba al baño, como mínimo, tres veces. Se aseguraba bien de no tener que ir al servicio mientras estuviera en la calle. Una vez se vestía llegaba a la cocina y se comía dos magdalenas y se bebía un vaso de leche. Siempre desayunaba lo mismo. Y en torno a las 11 de la mañana, se marchaba. Con sus amigos, Y se sentaba en su banco favorito. Ahí hablaba y recordaba mejores tiempos. Aquellas mañanas de verano, cuando yo no tenía clase, recuerdo que a veces, me lo encontraba, ahí sentado. Y entonces, Manolón presumía de nieto. O de nietos, si me acompañaba alguno de mis hermanos. Sobre la una y media de la tarde, regresaba a casa. Lo veía aparecer por la esquina, y quizá, dependiendo de cómo le viéramos el humor, nos metíamos un poco con él, o le gastábamos pequeñas bromas o chistes... y a veces no las comprendía. Las hacíamos sin mala intención, pero él terminaba diciendo: "Ya os acordaréis de mi cuando no esté..." Y vaya si me acuerdo... Ayer, mientras hacía fotos de Linares, pasé por el banco donde se sentaba Manolón con varios amigos recordando sus tiempos y hablando de sus cosas, y lo vi vacío. Y es que ya lo decía él, un día que estaba sentado ya casi sólo, con un único amigo: "estoy viendo cómo mueren todos, y al final me voy a quedar el último". Pero pienso que, cuando todos van al mismo sitio, nadie es el último ni nadie es el primero. Poco importa el orden cuando el destino es compartido. Y una vez más, volví a acordarme de mi abuelo, Manolón. Y es que hasta el Paseo de Linarejos ha cambiado, se fue con mi abuelo, y jamás volverá s ser lo que fue. Aunque el banco siempre perdurará... al menos en mi memoria.

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