martes, 20 de abril de 2010

CONFIANZA CIEGA

La confianza es el último de los peldaños para alcanzar la amistad. Una vez que llegas a confiar en esa persona, considerarlo un amigo es sólo cuestión de formalismos. Hay quien dice que "no se fía ni de su padre"... Depende de cómo sea su padre. Yo sí confiaría en él, y en todas aquellas personas que me lo han demostrado. Por supuesto, me han traicionado la confianza, pero los que por naturaleza somos confiados, no solemos aprender la lección. Nada es bueno ni en exceso ni por defecto. Lo que me repugna son aquellas personas que que transforman la confianza en  egoísmo. Aquellas que no se fían absolutamente de nadie por miedo a que les pase algo malo sin fundamentos ni razón de ser. Evidentemente, no soy partidario de abusar de la confianza de nadie, pero si no tenemos fe en las personas, el mundo sería mucho peor de lo que en realidad es. Y si la desconfianza lleva a la avaricia, al egoísmo, al protagonismo, a evadir las responsabilidades de los demás, al castigo, a la prepotencia... el único camino que encontraremos al final del mismo será la soledad. Cómo aquellos árboles solitarios en mitad del campo porque no se fían de formar el bosque con los demás. Prefieren tener su propio bosque. Y es que aquel que no se fía de nadie se le distingue de lejos, y como se le ve venir, prefiero tenerlo... pues eso, muy lejos de mi.

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