miércoles, 24 de marzo de 2010

NADA QUE VER

Absolutamente nada que ver. La vida de ellos es tan diferente a la de nosotros, que no tiene ni punto de comparación. Si no estás preparado, te impacta. Ni de lejos se parece a lo poco que hayamos podido observar en fotos, en televisión, en prensa... hay que estar para saber, y hay que saber para ayudar. Y no todos servimos para ayudar a quienes de verdad lo necesitan.

Siempre he dicho que nadie es digno de admiración excepto aquellos que se lo merecen realmente. Por muy fan que se sea de un grupo de música, de un pintor, de un futbolista, de un cantante, de una estrella, de un famoso... nadie de estos merece nuestras alabanzas. Llorar y gritar por tocar a tu ídolo, cosa que vemos demasiado en la televisión y en las revistas, cuando éste ignora completamente ese movimiento social, siendo su único mérito tener voz celestial o mano de santo para un instrumento o la habilidad suficiente para hacer que un balón rebote en su pie durante horas... Eso no es mérito, quizá sea fortuna, quizá saber llegar a dichas metas, pero para nada, digno de admiración.

Se debería admirar a aquellos que hacen de médico de manera altruista, que se juegan la vida en países subdesarrollados, que viven para que vivan los demás. Aquellos que obran según su corazón, que se conforman con tener un plato de comida al día, que no son materialistas. Esas son las personas dignas de admiración. Alguien que deja todo para ir de voluntario a un lejano país a ayudar a gente que se muere de hambre. Esos son los que deberían ser recordados por los siglos de los siglos. Esos serán siempre eternos.

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